¿A quién decimos “Dios” cuando decimos “Dios”?
La urgencia de nombrar con precisión en una era de espiritualidad confusa Por Aldo “Dios” . Una palabra tan familiar como insondable. Se pronuncia en oraciones, canciones, juramentos, expresiones de asombro o angustia. Es invocada por creyentes de distintas religiones, interpretada por filósofos, y utilizada incluso por agnósticos como símbolo de lo desconocido. Pero esta ubicuidad plantea una pregunta tan elemental como inquietante: ¿a quién nos referimos realmente cuando decimos “Dios”? En el actual paisaje espiritual —marcado por el sincretismo, la autoayuda, y una creciente indiferencia religiosa— el término “Dios” se ha vuelto una especie de comodín semántico. Se usa para referirse a una energía cósmica, a un principio moral, a la conciencia universal, o al “universo” mismo. Esta ambigüedad, lejos de enriquecer la experiencia espiritual, la vuelve opaca. Y es precisamente desde esta preocupación que el Patrocentrismo Trinitario propone una respuesta: volver a nombrar...